lunes, 16 de septiembre de 2013

Guerra Mundial Z

He visto Guerra Mundial Z y me ha encantado. Me parece una película excepcional y no solo porque vaya de zombies, que a mi ese género no me gusta especialmente, sino por todo lo que la rodea, los personajes, la trama, el mensaje subyacente. Vamos a analizarla un poco.

Guerra Mundial Z va de Brad Pitt que en realidad es un agente secreto de una organización desconocida que conoce perfectamente que la humanidad es un peligro para sí misma. La organización para la que trabaja lo tiene todo perfectamente controlada y sabe de virus que zombifican a la gente, de entidades alienígenas y demás cosas que podrían liberarnos de nuestras prisiones mentales y mantienen un estricto orden mediante el control de internet, la expansión de virus meméticos y muchas más cosas que el hombre jamás debería conocer por su propio bien. De hecho el propio personaje de Brad Pitt posee un implante neuronal en su cabeza que le protege de todas esas influencias y le permite comunicarse con sus superiores, que residen en una fortaleza más allá del tiempo y el espacio. Por eso su nombre casi nunca se pronuncia durante la película igual que el de su esposa, de la que ni siquiera recuerdo cómo se llamaba, y cuya función es cuidar a sus hijas, nacidas en un laboratorio de Agartha y que son las primeras de una especie genéticamente alterada para ser los esclavos perfectos de nuestros amos reptilianos.

Cuando se desata una pandemia mundial de zombificación, en cuestión de minutos todos los ciudadanos de la costa este de los Estados Unidos tienen una súbita visión de sus naturalezas esclavas y son impelidos a asaltar tiendas y armarse, Brad Pitt debe encontrar la manera de que el control largamente establecido se siga perpetuando. Para colmo algunos humanos comienzan a convertirse en unas simpáticas bestezuelas que se dedican a purgar a los ciudadanos zombificados mordiéndoles, para purificarlos con su saliva de la maldición de sus vidas monótonas e influenciadas por los mass media que tienen bajo su control los Anunaki reptilianos.

Brad Pitt comienza una cruzada en la que se involucran la ONU, soldados honorables que desconocen que sus amos los desprecian, la conspiración sionista internacional y la OMS, que guarda en sus laboratorios millones de virus letales que podrían acabar con la humanidad en un santiamén.

Finalmente todo acaba bien. La humanidad es mantenida bajo el control hipnótico de los medio de control tradicionales mediante la inoculación de una enfermedad, que si bien provocará mutaciones y desdichas en las generaciones venideras, nos ayudará a sobrevivir a un destino todavía peor, reencontrarnos con nuestra libertad perdida.

Vosotros os preguntaréis, que la película no va de eso y que la mayoría de cosas me las he inventado. Pues sí, es cierto, es lo mismo que han hecho ellos con el libro homónimo de Max Brooks, solo que yo por lo menos he intentado darle algo de coherencia a la historia y no he convertido una obra que habla sobre la guerra, la incompetencia del ser humano y su lucha sobre sobrevivir a pesar de esa misma incompetencia y del propio ego en un corre-corre con zombies que no son como los del libro, con personajes más planos que una tabla de planchar y con una colección de clichés por metro cuadrado que daría vergüenza ajena a cualquier guionista digno de tal nombre.

Además, observad el principio de la película. Brad Pitt y su familia son aparentemente felices, cuando una de las niñas le pregunta sobre su antiguo trabajo y si lo echa de menos, él duda. Luego conduce su coche familiar por una calle atestada de vehículos en un atasco de kilómetros de distancia, controlados por unas fuerzas del orden autoritarias que gritan a aquel que intenta salir del coche. Él lo sabe. Sabe que están atados a una existencia monótona. ¿Es eso lo que quieres? Conducir todos los días durante una hora o más hasta un trabajo que no te gusta, pasar todo el día allí sin ver a tu familia, conducir el mimo tiempo de vuelta a casa, para llegar cansado, ver en la tele un programa de reformas de casas que solo puedes soñar con tener, cenar comida precocinada y acostarte temprano porque tienes que madrugar al día siguiente. ¿Quieres que esa sea tu vida? En lugar de dejarte llevar por tus instintos, ser capaz de saltar varios metros en horizontal, tener la fuerza suficiente como para desmembrar a otro ser humano, cazar para sobrevivir, olvidarte de la enfermedad, correr como el viento, dejar todo atrás y volver a ser el depredador que eras cuando la humanidad era joven y libre. ¿No sería esa una vida mejor? Brad Pitt lo sabe y ahora tú también lo sabes.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Hollywood y la piratería

Desde hace algunos años se ha puesto de moda una costumbre que muy bien podría haber acabado con el cine tal y como lo conocemos: unos lo llaman “piratería”, otros lo conocen como “bajarse películas de internet.”

Cabría distinguir en este caso lo que es piratería y lo que no. Siempre desde mi punto de vista, ya que este blog lo escribo yo y el cuchillo es mío. Hagámonos unas cuantas preguntas ¿Qué es la piratería? Una búsqueda rápida por internet nos llevará a concluir que los piratas eran unos señores que robaban a los barcos que surcan el mar mediante el uso de la fuerza y la intimidación. Fueron muy famosos entre los siglos XVI y XVIII en las aguas del Atlántico y en el Caribe. Lo que viene a mostrarnos que no eran más que simples ladrones. Gente que roba a otra su dinero, el fruto de su trabajo, y se lo queda para obtener un beneficio o para gastarlo alegremente en ron y putas.

Por tanto un pirata, en lo que se refiere al cine, sería aquella persona que se aprovecha del trabajo de los demás para obtener beneficios. Lo que viene a significar que si vendes películas pirateadas eres un delincuente o si las copias con la intención de venderlas y lucrarte en el proceso mereces ir a la cárcel.

Cosa muy distinta sería el caso de “buscar por internet”. El hecho de acceder a una página de internet y “bajarte” una película no te convierte automáticamente en un proscrito. ¿Cuál es el daño real que se ha hecho al cine con esta práctica? Bueno, todo depende de qué película se baje. Si tus opciones para ver una película son las de acudir a una sala de cine, hacer cola durante una hora, pagar una entrada cada vez más cara, aguantar los comentarios estúpidos de los adolescentes que tienes delante, ver una anormal cantidad de pantallas de móvil brillando en la oscuridad, escuchar como tu vecino de asiento marranea con sus palomitas o apura su refresco aguado, tener calor o frío, que te atruenen los oídos con un sistema de sonido demasiado alto para el umbral perceptivo humano y luego salir por la puerta de atrás como un empleado de servicio invadido por una sensación de estupor y decepción. Si es así, yo diría que “bajar” de internet es una cuestión de buena educación y sano equilibrio cultural. Eso sin contar con que el cine más cercano no te pille muy lejos de casa, porque si lo tienes a cincuenta kilómetros pues mejor te dedicas a otra cosa.

Esto es como las escaladas armamentísticas. Si tú vienes con una pistola, ellos traerán escopetas, cuando tú traigas fusiles de asalto, ellos se harán con lanzagranadas. Si promocionas una película como el “espectáculo que no te puedes perder” o “la sensación del verano” terminas creando en el público potencial un deseo irrefrenable de verla. Si los medios para hacerlo, económicos o materiales, no están a su alcance terminará buscando una manera alternativa de hacerlo. Lamentablemente la tecnología moderna nos permite hacer eso y mucho más. De ahí que las películas más pirateadas todos los años sean casualmente las que hacen mayor cifra de taquilla. Tratar de evitarlo sería como si el tipo que traía las barras de hielo en un carro tirado por caballos nos pidiera que no inventáramos el frigorífico.
Pero la cosa alcanza tinte surrealistas cuando las que lo hacen son las mayores productoras del mundo. Las mismas que tienen a directivos sentados en maravillosos despachos de la soleada california tomando decisiones que arruinan películas, nos ofrecen productos de cada vez menor calidad y sólo se preocupan por la cifra de negocios de ese mes. ¿Por qué? Porque ellas harían lo mismo si pudieran. Y no me baso en una suposición, me baso en hechos porque, en realidad, ya lo han hecho. Voy a contaros una historia.

A principios del siglo XX, un señor llamado Thomas Alva Edison inventó una máquina para grabar imágenes y poder reproducirlas en movimiento. El invento se llamó coloquialmente “cine” y llegó a ser muy popular muy rápidamente. La gente pagaba un “nickel”, una moneada de cinco, diez o quince centavos, por un rato de diversión mirando las excitantes imágenes que otros creaban para ellos. ¿Todas esas películas estaban creadas por Edison? De ninguna manera, como si de silvestres champiñones se trataran, un montón de productoras de cine surgieron en la costa este de los Estados Unidos y comenzaron a ganar dinero realizando y exhibiendo esas películas. Algunas habían comprado la máquina de Edison, por la que debían pagar un canon en concepto de propiedad intelectual, pero otras inventaron sus propias máquinas o simplemente copiaron el invento.

Edison estaba cada día más enfadado y como si de un villano de aquellos tiempos primitivos del cine se tratara, se atusó el bigote e ideó un plan. Por aquel entonces se comenzaba a utilizar la cinta de celuloide, lo cual facilitaba mucho la grabación y exposición de la película. Edison inventó un nuevo sistema para evitar que la cinta se rompiera, cosa que ocurría con cierta frecuencia, y la dotó de unos agujeros que también patentó. Si alguien utilizaba su cinta con agujeros o cualquier invento parecido, debería pagar la patente correspondiente y él engrosaría sus arcas con aquel nuevo y maravilloso invento. Comenzó así una guerra entra las productoras y Edison. Inspectores de patentes perseguían a los exhibidores para averiguar si todo estaba en regla e imponían multas a aquellas productoras que no cumplían con la ley. Finalmente ocurrió algo insólito. Agobiadas por la marea de abogados que Edison les había echado encima, las mayores productoras y distribuidoras de Estados Unidos emigraron a la Costa Oeste, por dos razones: Uno, allí había muchas más horas de sol y se podía filmar durante más días, y dos, el ejército de picapleitos de Edison no llegaba hasta allí, su patente no tenía validez en aquellos estados todavía, así que patentaron sus propios sistemas y se libraron de pagar al malvado de Edison. El lugar donde comenzaron a asentarse era un rancho al que pronto se conoció como Hollywood, el resto es historia en celuloide.

Así que ya lo sabéis, no os sintáis culpables por bajaros una película de vez en cuando, ellas harían lo mismo si pudieran. Sin contar con que cómo lo hago yo para intentar ver algunos clásicos del cine, porque como tenga que esperar a que los pongan por la tele…

miércoles, 21 de agosto de 2013

Pacific Rim


Un día llegó Guillermo del Toro y decidió que quería hacer una película de Mechas y Kaius dándose mamporros. Hasta ahí bien, si la dirige Guillermo del Toro habrá que darle un margen de confianza. El mexicano es un tipo que ha demostrado con creces que sabe contar una historia aunque en ocasiones se pierda en la marabunta de los efectos visuales y peque de exceso de preciosismo en las composiciones de los mismos.

Y en ésta se ha perdido mucho porque aunque el apartado técnico es espectacularmente bueno, eso ya lo sabíamos. A los blockbusters de ahora se les supone un acabado en los efectos especiales, el vestuario, el CGI y la fotografía que difícilmente encuentran igual en la historia del cine. Eso ya lo tenemos, sabemos que va a ser así y sabemos que si del Toro está detrás estarán incluso por encima de la media.

Entonces ¿por qué quedarse ahí? Puede que la premisa de la historia sea tan absurda e infantil que nos quedemos atrapados en su estupidez. Puede que no dé para más que para mostrarnos unos personajes planos y mil veces vistos, como si los protagonistas de todas las cintas espectaculares del verano estuvieran escritos con la misma plantilla a la que sólo cambian el nombre. Los mismos diálogos, los mismos gestos, los mismos abdominales marcados. Puede que los Estados Unidos tengan que salvar el mundo una vez más y que el resto de naciones queden reducidas a meros comparsas para rellenar hueco pero que no saben mantener el tipo cuando las cosas van mal. Puede que sea obligado aguantar una hora de película con diálogos infames y aburridos y parlamentos horrendos. Puede que la historia sea un mero elemento accesorio para lo que verdaderamente importa: ver a los titanes dándose estopa a base de bien.

Pero todo eso es lo que diferencia a las buenas películas de los espectáculos mediocres. Y todo eso es lo que tiene Pacific Rim. Sin embargo hay algunas cosas más que contribuyen a que éste sea un mero pasatiempo que fácilmente desaparece de nuestras retinas. Y es que la película parece fallar en sus puntos fuertes. La acción es lenta y aburrida. Muy posiblemente debido a que nos pasamos media cinta viendo como enormes montículos de carne, escamas y metal se lanzan guantazos y eso no es el paradigma de la velocidad. Se agradece que la cámara no se mueva de forma epiléptica como en otras producciones pero los combates carecen de dramatismo y sensación de verdadero peligro. Son tan planos como los personajes que pueblan la película, sin pizca de personalidad, el escenario donde pelean los monstruos es un mero tapiz que da color al enfrentamiento y poco más. Exactamente como el fondo de un videojuego de lucha.

Por otro lado no hay un antagonista en la película. Los “malos” son los Kaius que vienen a arrasarnos y que se trata de simples bestias que vienen a hacer el trabajo sucio de unos seres más maléficos que esperan ocupar una tierra devastada y vacía. Pero esos seres no tienen ninguna importancia en la trama pues se dedican a contemplar desde su agujero lo que acontece en la Tierra. Los monstruos no tienen la suficiente personalidad como para erigirse en antagonistas interesantes. Son meras bestias de carga, sin inteligencia, ni pizca de astucia, solo fuerza bruta. Muy espectaculares en los combates, muy feos y tremendamente poderosos físicamente pero jamás dan una sensación de poder ganar realmente los enfrentamientos. Casi como si lo absurdo del planteamiento se hubiera trasplantado a la historia.

Y alguien podrá argumentar que la película no pretendía más que ser un entretenimiento veraniego que nos reconcilie con el niño que todos llevamos dentro. Primero he de decir que si piensas eso eres un cursi de cuidado. Y además, llevamos ya mucho tiempo teniendo que reconciliarnos con el niño que llevamos dentro de una manera estúpida, banal y pensada para chavales idiotas de catorce años que se ríen como Beavis and Butthead cuando ven explotar algo. Digo yo que va siendo hora de enseñarle al niño interior que se puede divertir con algo mejor. Además de que no quiero pensar que un divertimento para niños tenga que ser tan estúpido como Transformers, Battleship o esto. Es cómo decir que no importa que los libros para niños tengan faltas de ortografía porqué todavía no saben leer ellos solos.

En resumen, Guillermo del Toro ha descendido a los suburbios del blockbuster veraniego con una película aburrida y de argumento ramplón. Lo del argumento nos lo estábamos imaginando, lo otro es novedad.

viernes, 9 de agosto de 2013

¿Arte o entretenimiento?

Tenía una entrada escrita de página y media teorizando sobre estos dos conceptos, pero el cine es imagen y, en buena medida, también palabras.

Mi conclusión es que, para mí, esto:




Es igual de estúpido que esto:



El cine puede ser ambas cosas, arte y entretenimiento. Conseguir llegar a toda la gente que puede llegar a entrar en una sala de cine durante una semana de exhibición para mostrar lo culto y resabido que eres o para "simplemente entretenerlos sin pretensiones" o de una forma estúpida es signo de mediocridad o de cobardía.

lunes, 5 de agosto de 2013

Cámara y... ¡Acción!

Se lo que estáis pensando... otro blog sobre cine. Yo ya visito muchos blogs sobre noticias de cine, estrenos, reseñas de películas, páginas de descarga con sinopsis. Tenéis razón, otro blog de cine más se presenta ante vosotros. Y eso no es lo peor. Lo peor de todo el asunto es que ni siquiera pretende ser un blog de referencia sobre el arte del cine o el entretenimiento (lo que prefiráis, eso lo discutiremos más adelante). Este pequeño sitio no pretende ser mejor que nadie, ni saber más que otros, ni ser más sensible, ni más combativo, ni más grosero. Solo un blog de cine activo.

Puede que os preguntéis sobre el nombre. Los más avezados os daréis cuenta de que está formado por dos palabras Cine y Activista. La primera está clara. Creo que no necesita más explicación. El cine lo conocemos todos (o quizás no, eso también podemos hablarlo en otra ocasión). Se han escrito millones de libros, vertido incontables palabras, filmado miríadas de cintas desentrañando sus secretos. Documentales, enciclopedias, ensayos, etc.

La segunda quizás necesite alguna aclaración. Activista es alguien que pretende realizar una acción o actividad con intención de efectuar un cambio, normalmente de índole política o social.

Si unimos ambas, rápidamente podemos determinar que lo que intenta este blog sería proponer acciones que logren un cambio en el mundo del cine. Sin embargo, el mundo del cine es demasiado grande para que alguien como yo, desde este lugar, pueda cambiar nada (aunque quizás debí referirme a la industria del cine). Lo que se puede hacer es intentar promover una actitud distinta. El viaje más largo comienza con un solo paso y el viaje que conlleva ver películas, entenderlas, amarlas u odiarlas sí que puede comenzar desde un humilde lugar como éste.

Activismo viene también de acción. Esa palabra es la que se grita (normalmente) cuando se comienza a rodar una escena. Desde aquí proponemos, para empezar, realizar un sencillo ejercicio que últimamente se nos está negando desde las pantallas cinematográficas con demasiada asiduidad (aunque esto viene de lejos en realidad) y es el de mantener una actitud "activa" ante este arte. Los sucesivos cambios en el modo de ver el mundo, los avances técnicos aplicados al cine y otros factores, lo han convertido, en ocasiones, en un arte pasivo y complaciente como reflejo de unos espectadores pasivos y complacientes. Os invito desde este momento a analizar, construir, deconstruir y, en definitiva, conocer las películas y lo que las rodea. Se puede pensar que por ese camino todos nos volveremos más escépticos, que perderemos capacidad de diversión. Si así lo piensas, lo mejor es que no sigas leyendo el resto de artículos. Si por el contrario amas la fabulación, crees que las imágenes pueden inspirar sentimientos, piensas que conocer algo te puede hacer apreciarlo y amarlo todavía más, te doy la bienvenida.